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«Una Jaula de Oro» de Camila Läckberg

Sandra Tamez

Hace varios años, Camila Läckberg se volvió un nombre conocido dentro de la literatura de novela negra sueca con su saga de “Los crímenes de Fjälbacka” y sus protagonistas Patrick y Erica. Ahora la autora hace un alto a la novela negra para adentrarse en un thriller en donde la protagonista es una mujer que busca venganza, y como la publicidad del libro lo dice, “la venganza de una mujer es bella y brutal”

Faye está casada con Jack, por quien ha elegido dejar de lado sus estudios en economía y así dedicarse al cuidado de la hija de ambos y, a la sombra de este hombre, a quien le ayudó a construir todo su emporio pues hicieron el acuerdo de que él tomaría crédito de todo el éxito ya que para ella era más importante la familia y le satisfacía el solo hecho de vivir al lado del amor de su vida en este piso céntrico y a todo lujo en la capital sueca. Hasta ese día, cuando comienza a aceptar que ya no está en esa vida de ensueño que quería, pues llega un punto dentro de su matrimonio en que la humillación la termina de hundir y recuerda que ella se escapó de una situación violenta porque no quería vivir así. Es entonces que comienza el camino para salir de este otro tipo de violencia y subestimación, y todo ese pasado que había logrado dejar atrás cuando escapó de su pueblo natal se le comienza a aparecer en esos fragmentos que le hacen saber que su idílica vida en realidad era, sí, una jaula de oro.

En esta novela, Camila Läckberg nos hace viajar entre pasado y presente contándonos entre capítulo y capítulo la historia que nos interesa. Así, de esta sencilla forma nos pone en contexto y aprovecha para dejarnos en suspenso con lo que nos cuenta en el capítulo anterior, motivándonos a leer hasta llegar al final de la historia.

Si bien, como comenté en un principio, esta no es una novela donde el protagonismo lo llevan detectives tratando de resolver un crimen; aquí la protagonista nos hace adentrarnos en un mundo machista donde las mujeres siguen cumpliendo solamente con el papel de lo que llamamos, “mujer florero”, haciendo lo que se espera de ella, no más, no menos.

Es cierto que la narrativa puede en cierto momento caer en el cliché de “ahora hago lo que los hombres hacen y nadie puede juzgarme”, sin embargo, también se nos muestra el mundo de estas mujeres de alta sociedad donde las apariencias y la prohibición a envejecer juegan un rol muy importante; donde hay mujeres que están de acuerdo en ser tratadas de esa forma y no encuentran ningún problema en eso.  Y aquí le aplaudo a Camila Läckberg dos cosas: la primera es que nos presenta la verdadera amistad que puede existir entre dos mujeres, y que en muchas ocasiones es cuestionada. Y la segunda, que escribe esta novela sin caer en juicios de valor, donde nos muestra que no importa nuestro punto de vista con respecto a estas mujeres que viven en jaulas de oro, la realidad es que no podemos hacer nada por cambiarlo. Y esto no significa en nuestra protagonista la pérdida de fuerza emocional del deseo de salir adelante.

Y al final, si hablamos de las motivaciones que tuvo Faye para hacer lo que hizo en el pasado y en el presente para llegar al lugar que desea, al terminar el libro podremos pensar si son válidas o no.

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